Caí tan bajo que el cielo se volvió suelo, mis lágrimas se confundieron con la lluvia, y mi voz se perdió en el eco del vacío.
Pero en lo más profundo de la oscuridad, encontré la fuerza para alzar la mirada, y descubrí que la luz aún brillaba en mi interior.
Aunque el abismo amenazara con devorarme, me aferré a la esperanza como mi ancla y con cada paso hacia arriba, desafié a la gravedad.
Así que, en mi ascenso desde lo más hondo, aprendí a valorar cada rayo de sol y a apreciar la belleza de remontar el vuelo.
By. Yulai Camargo
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